spider-man-homecomingNuestro querido amigo y vecino Spider-Man es, por derecho propio, uno de los superhéroes más venerados por los fans desde que se balanceó por primera vez, entre los rascacielos de Manhattan, a través del cómic creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1962.

Su larga trayectoria en las viñetas se ha visto complementada, durante lo que llevamos de siglo, por una intensa aparición en la gran pantalla. Sin duda alguna, por número de intervenciones y reboots, es el superhéroe en solitario de Marvel más prolífico en la gran pantalla. Este hecho, claramente reconocible, supone también su mayor debilidad en términos de franquicia. El reinicio auspiciado por Sony Pictures, con Marc Webb y Andrew Garfield como Peter Parker, llegó muy poco después de la trilogía de Sam Raimi. La repetición de situaciones era un peligro constante para los creativos implicados y el fracaso final del reinicio quizá se debió a que el público no estaba dispuesto a comprar las excesivas reiteraciones argumentales. La biografía de Peter Parker se había convertido en un libro demasiado abierto, donde el público era excesivamente conocedor de las vicisitudes del personaje y de las variantes que se podían ofrecer.

Pero Spider-Man es demasiado importante en la cultura geek y Marvel Studios deseaba incorporarlo a su universo cinematográfico desde hacía años. Cuando al final se consiguió el acuerdo con Sony Pictures, Kevin Feige planteó una sinopsis rompedora para el personaje que reduciría el déjà vu por parte de la audiencia.

La propuesta era clara: el Peter Parker del MCU empezaría siendo un chaval de 15 años, millenial hasta las trancas, y con un estado de situación que ofrecía auténticas nuevas posibilidades al generar una especial conexión con Tony Stark, añadiendo elementos híper-tecnológicos que solo se habían visto en las versiones más recientes de Ultimate Spider-Man. Por otra parte, no se prestaría atención al accidente que le dotó de poderes, desaparecería la figura del Tío Ben y recogería el rol de mentor el propio Iron Man, con todo lo que eso implica en cuanto a dinámicas de humor y comicidad que gustan al público. La Tía May pasaría a ser una atractiva mujer en sus mid-forties, interpretada por la siempre interesante Marisa Tomei. Tampoco habría ninguna mención al Daily Bugle ni a J. Jonah Jameson. La idea, pues, era la de introducir una nueva crónica del personaje que pudiera alejarse del cúmulo de situaciones presentes en las anteriores versiones.

La nueva interacción entre Stark y el trepamuros, supuso aprovechar a fondo la gran ventaja de incorporarse al MCU. Debutar en una gran película de equipo como Civil War, con enfrentamiento épico incluido, fue un gran espaldarazo.

Tras ser presentado y haber comprobado la excelente química existente entre Robert Downey Jr. y Tom Holland, llegó el momento de volver a casa con una película en solitario. Y esta gran prueba, este “Homecoming“, encuentra sus mejores momentos en la interacción con Iron Man.

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El segundo gran elemento favorable de Spider-Man: Homecoming es su villano. Aprovechando el bagaje histórico de las películas del MCU y las consecuencias de la batalla de Nueva York, se nos presenta una versión de Adrian Toomes a quien se carga de motivaciones y contrastes en su camino de convertirse en el amenazador BuitreMichael Keaton regresa al mundo de los superhéroes ofreciendo una extraordinaria interpretación. Representa fenomenalmente la dualidad moral y su gestualidad y voz profunda le otorgan rasgos amenazantes excepcionales cuando maneja actividades ilícitas. Al mismo tiempo, es capaz de mostrar trazos de máxima empatía y confianza en el ambiente familiar. Queda para el recuerdo la secuencia en el interior del coche cuando, tras descubrir su identidad secreta, amenaza a Peter sin contemplaciones ante lo que pueda acontecer en el futuro. En ese momento, tenemos una demostración clara y palpable del hecho que este Spider-Man es demasiado joven e inexperto para lidiar con determinadas situaciones y, sobre todo, con la carga personal que representa ser un héroe. En este sentido, también hay que valorar muy positivamente el talento natural de Tom Holland, un auténtico acierto en todos los sentidos.

Los guionistas del film y el director Jon Watts realizan una gran labor en el manejo de los inputs positivos, pero no son capaces de equilibrarlo en el global del film. Acaban siendo prisioneros del reverso que acompaña a esta reformulación del personaje.

Porque lo peor de la película es el propio mundo de Peter Parker. Para el público infantil y juvenil habrá sido algo muy favorable, pero el sector adulto no puede sintonizar con semejante éxtasis millenial. Se trata de una jugada comercial exitosa que, sin embargo, complica la valoración final puesto que las diatribas de Spider-Man en solitario no interesan demasiado. Sus relaciones en el instituto con el nuevo reparto multirracial y políticamente correcto se asemejan más a una serie del canal Disney XD que a una cinta insertada en el mismo universo de Civil War. La andanza personal de Peter, sin Iron Man al lado, flaquea por todos lados y ni tan siquiera los elementos tecnológicos lo compensan porque el material no está colmando las apetencias del fan y éste solamente espera el siguiente momento en que Stark o Toomes hagan su aparición en pantalla.

De alguna manera, los intereses de Disney para toda la familia quedan plenamente satisfechos en muchas ocasiones. Eso indica el tono para las próximas entregas en solitario del trepamuros. Seguramente le veremos más en plan “fiesta de fin de curso” o “viaje de fin de estudios” que afrontando las exigencias de vivir en Nueva York cuando no tienes demasiado dinero y además toda una comunidad a la cual proteger de personajes siniestros. Spider-Man: Homecoming acaba siendo un envoltorio roto en el que se hallan algunas ideas geniales. 

No estoy reclamando un tono oscuro ni mucho menos. El personaje no lo admitiría. Lo que reivindico es que Spider-Man, debido a su trayectoria en el cine, demanda excesivas piruetas para que la gente no vea situaciones reconocibles. En este caso, la inusitada juventud de nuestro héroe conduce irremisiblemente hacia un tono ligero. La excepción a este esquema se produce cuando lo insertas en un crossover. Tal como vimos primero en Civil War y después en Infinity War, las dinámicas que ofrece en contraposición a otros personajes son refrescantes y rompedoras. Además, también resulta un éxito la relación de confianza que han forjado Peter y Tony Stark, a través de la cual puede brotar tanto la comedia como el drama más contundente.