La consolidación del género documental como medio para profundizar en el conocimiento de las diferentes facetas artísticas, ha sido innegable en lo que llevamos de siglo. El documental permite reflexiones pausadas, alejadas de presiones presupuestarias y limitaciones de timing. Aquellas personas que optan por contribuir al género disponen de la libertad necesaria, en un medio nada constreñido, para que su pasión por contar historias, hacer crónica periodística, seguir trayectorias, investigar a fondo, pueda expresarse de la mejor manera posible. No por casualidad, el género documental dispone actualmente de una valoración excelsa y su presencia y reconocimiento en festivales y eventos cinematográficos le está colocando en el lugar que le corresponde como canal imprescindible para la ampliación de conocimiento y generación de certezas, convirtiéndose en un vehículo imprescindible para construir conciencia social ante los retos que nos plantea el mundo.

En el universo de Hollywood, los documentales recientes que se han planteado en torno a la figura de grandes directores e intérpretes han sido una constante en los últimos años; y nos han permitido conocer con más detalle y, especialmente con más cercanía, la dimensión humana de los creadores. Incluso, se han llegado a recoger pinceladas de su vida personal, absolutamente desconocidas, que han definido su obra fílmica.

Steven Spielberg no podía ser una excepción en esta oleada. No sorprendió el anuncio de HBO sobre la producción de un documental entorno a su carrera profesional y al corpus ideológico motivacional de su cine. La productora y directora Susan Lacy, con una notable hoja de servicios como especialista en documentales biográficos, fue la encargada de ponerse al frente de un proyecto que radiografía a un cineasta visionario basándose en entrevistas concedidas por él mismo, pero, especialmente, a través de conversaciones con aquellas personas que han estado más cerca de él en la esfera personal y profesional.

Susan Lacy opta por un formato documental bastante académico. Muy periodístico, poco artificioso y nada petulante. Se apoya en las entrevistas y en la fuerza visual del catálogo fílmico de Spielberg como forma de expresión principal y genera un contenido de 147 minutos que se extiende como mercurio en superficie lisa: imparable, pero sin aceleración, pausado y sin embargo intenso. Aquellos que buscan la pretenciosidad y las ínfulas visuales en la concatenación de los ritmos de un documental no quedarán satisfechos porque este es un proyecto destinado a ampliar conocimientos desde una óptica de claridad, evitando callejones innecesarios, y aportando luz a una trayectoria que siempre guarda secretos por descubrir. Este es un documento que puede sobrevivir al tiempo y consolidarse como un material imprescindible para historiadores y analistas cinéfilos. Impecable en la forma y sólido en el fondo. No obstante, la expresión academicista de Lacy no está reñida con la libertad formal. No estamos ante una narración cronológica lineal que se extiende a lo largo del metraje. Hay cortes en la linealidad y agrupamientos temáticos que predisponen al espectador a no pensar que tiene todas las claves del desarrollo del documental desde un inicio.

También es muy loable la integración de material procedente de filmaciones caseras de la familia y de los primeros rodajes amateurs de Spielberg. Ilustran fenomenalmente ese arraigo familiar y el consiguiente resquebrajamiento de esa unidad, afectando de una forma devastadora a nivel emocional. Los testimonios de sus hermanas son fundamentales, así como también las imágenes de reencuentro de sus padres en los últimos años. Todo ello refuerza esa idea tan patente en el cine de Spielberg: la esperanza de conciliación. La idea de que, aunque no vuelva a ser lo mismo, pueda existir una concordia.

Spielberg cita su visionado en el cine de Lawrence de Arabia (1962) como el momento cumbre definitivo. Decidió que querría dedicarse a eso el resto de su vida o morir intentándolo. Y, al mismo tiempo, fue consciente, a los dieciséis años de edad, de que los temas o motivaciones personales debían ser parte fundamental en el desarrollo creativo, configurando muchos de los leitmotivs de su cine. Algo que queda patente en el documental es la importancia del divorcio de sus padres y el impacto que tuvo sobre él. La noción de familia resquebrajada le acompañó para siempre, así como también el sentimiento de soledad, la baja autoestima, la sensación de aislamiento en las diferentes escuelas, y el refugio permanente en el séptimo arte como motor de catarsis personal. La figura del padre ausente y la nostalgia del niño solitario tienen una magna presencia en su cine y gracias a ello su conexión con las nuevas generaciones de espectadores ha sido mayor, pues ha destapado una constante inmutable de nuestro tiempo y la ha representado como ningún otro ha sido capaz de plasmar en la gran pantalla.

Esta tendencia a no temer a enfrentarse a sus miedos y querer sacar provecho de ellos, derivo, de una forma particular, al considerar que cuanto más pánico tenía ante una escena, mejores ideas surgían. Un proceso que ha seguido aplicando a lo largo de su carrera y que le ha seguido funcionando mientras, recorriendo ese camino, ha ido creando set pieces memorables para la historia del cine.

Para finalizar, debemos tener en cuentas unas palabras de la crítica y ensayista Janet Maslin, que resume muy bien cuál ha sido el bagaje del director y cómo su aportación ha sido extraordinaria en las últimas décadas. No se podrá entender ni analizar el cine contemporáneo americano sin contar con la obra de Steven Spielberg: «Miren lo que ha hecho en casi cincuenta años. Hay una gran variedad y también algunas cosas que no le han funcionado del todo, pero no hay ningún otro como él. Spielberg hace del cine un lenguaje, es como si fuera su lengua nativa de habla. Ha hecho cosas que nadie más se habría atrevido a asumir y le ha dado a todo ello un matiz personal reconocible».