Mientras que en el puente de la U.S.S. Cerritos la capitana Carol Freeman y sus oficiales se hacen cargo de los segundos contactos —no tan resultones como los primeros, más propios de la Enterprise—, en las cubiertas inferiores, allí donde los miembros de la flota que no son oficiales duermen en habitaciones comunitarias —por no decir pasillos—, un grupo de tripulantes hace lo que puede para no morirse… de aburrimiento. Y es que allí las misiones no son a vida a muerte, las tareas no comportan la destrucción de un planeta y lo más peligroso que te puede tocar hacer es limpiar los suelos. A pesar de ello, los alférez Beckett Mariner —una busca broncas donde las haya—, Brad Boimler —un lameculos de manual—, D’Vana Tendi —la chica nueva que se emociona por todo— y Samanthan Rutherford —un cerebrito que se pirra por recorrer los tubos Jefferies—, se lo montaran para meterse en los líos más increíbles e intentaran salir de ellos tan bien como puedan.
Si en 2017 Star Trek aterrizó en Netflix con la Discovery y a principios de 2020 hizo lo propio la primera temporada Picard, este año llega a nuestras casas una nueva etapa de esta expansión que está teniendo la franquicia de la mano de Mike McMahan, uno de los guionistas de Rick y Morty. Porque sí, Lower Decks es una serie de animación para adultos que sigue la estela la mencionada y tantas otras que consiguen en apenas veinte minutos mucho más de lo que logran las de acción real.
Lo interesante de esta serie es que si Discovery explora una nueva época y Picard tiraba de la nostalgia para enganchar al público, Lower Decks hace algo que ya tardaba a hacer Star Trek, reírse de sí misma. Mientras nos narran las nuevas y sorprendentes aventuras de la Cerritos —que no se ven atadas por los efectos especiales televisivos—, hay centenares, por no decir miles, de guiños y referencias que harán las delicias de los fans que se articulan, sobre todo, alrededor de una de las grandes y más incongruentes premisas de la serie: siendo naves tan grandes con tanta tripulación, ¿porque son siempre los oficiales al mando los que se arriesgan? Algo que ya hizo John Scalzi en su novela Red Shirts, aquí es caricaturizado en extremo y criticado por los propios protagonistas, a la vez que siguen machando muchos de los tópicos de la franquicia con un humor punzante, ágil y, sobre todo, muy, muy trekkie.

Por que si algo es esta serie es trekkie, muy trekkie, es verdad que cualquier espectador con ganas de ver una serie de animación de ciencia ficción se divertirá —como podría hacerlo con Futurama o Final Space—, pero es innegable que esta es una serie enfocada a los más fans, a aquellos que puedan captar las sutilezas y los comentarios dichos por lo bajo, que arrancaran mucho más que sonrisas. Sin ir más lejos, la serie está ambientada poco después de Next Generation, por lo que las referencias —casi como si fueran estrellas de rock— a Picard, Riker y compañía serán inevitables.
Con una animación a medio camino entre la de Padre de Familia, Rick y Morty y Futurama, limpia y clara, pero con los detalles suficientes para que se pueda ver cierto elemento orgánico, Lower Decks consigue dar una vuelta de tuerca más a Star Trek y hace algo que hacía muchos años que necesitaba hacer, hacer humor de sí mismo. Hasta ahora siempre habían sido otros los que buscaban esa chispa —véase los casos de Galaxy Quest o The Orville—, sin embargo siempre es un placer ver las bromas que todos los seguidores de Star Trek hacen y harán siempre hechos por la propia franquicia. En muchos sentidos, estamos ante lo mismo que supone las versiones de Lego para Star Wars o Teen Titan Go! para DC.

En definitiva, una idea brillante llevada a cabo a la perfección con una serie de animación rápida y directa, que no aburre, cuyo único defecto es ser demasiado trekkie… pero que se fastidien los que no saben que es un ferengi o lo peligroso que pueden ser los juegos de Q.