Tras el abrupto final —el primero de los tres— de The Clone Wars y la separación del matrimonio de conveniencia formado por Disney y Cartoon Network, sumado al éxito que había cosechado la serie que enlazaba —aunque todavía no del todo— los episodios II y III, Lucasfilm no se quedó con las manos cruzadas y preparó un segundo ataque a la televisión juvenil…

Situándose unos quince años después de la caída de la República, el triunfo de los sith y la consabida desaparición de los jedi, la serie centra su atención en un pequeño grupo de rebeldes cuyo objetivo es mermar —aunque sea poco— la fuerza que ejerce el Imperio en los rincones más desfavorecidos de la galaxia. La tripulación del Fantasma —nave que les sirve de hogar— está formada por Hera Syndulla, una piloto twi’lek hija del caudillo Cham Syndulla —que ya tuvo su minuto de gloria en The Clone Wars—, Zeb Orellios, uno de los últimos lasat que existen, Chopper, un droide astromecánico gruñón, Sabine Wren, una mandaloriana renegada y amante del arte callejero, y Kanan Jarrus, un aprendiz jedi que salvo el pellejo cuando era más joven y que ahora sobrevive como puede. Será durante una misión en Lothal, cuando topen de frente con Ezra Bridger, un huérfano que también acostumbra a tocarle lo que no suena al Imperio, por lo que no tardará a unirse al equipo a la vez que empieza a demostrar unas peculiares habilidades jedi que Kanan hacía tiempo que no veía en nadie más.

Partiendo de esta premisa que se aproxima a la trilogía original, Dave Filoni da vida de nuevo a un periodo no tan brillante y perfecto como fueron los últimos años de la República, adentrándonos en el espacio de tiempo que tiene lugar entre el episodio III y el IV y, si quisiéramos hilar más fino, alrededor de la época de Solo y Rogue One.

Podríamos seguir hablando de tramas y subtramas en las que se habla sobre el futuro de los jedi, como es la relación entre un aprendiz y su maestro, cuál es la verdad sobre las familias, el bien y el mal… pero esos son temas tan habituales en la franquicia que ya han sido explorados de sobra. Sin embargo, esta serie tiene la virtud de hacerlo de forma apropiada, es decir, si bien por un lado cumple con la necesidad de los fans de tener un cierto número de cameos —Darth Vader, Leia, Saw Gerrera y Ahsoka Tano, por poner los ejemplos más evidentes—, también consigue tener su propio imaginario, ya que todos los protagonistas son personajes nuevos, permitiendo conocerlos desde cero, sin necesidad de haber visto otras series y dando un poco más de profundidad a los hechos que viven.

En este sentido, la otra gran virtud de Rebels es que no hay apenas capítulos de relleno, es decir, a diferencia de The Clone Wars que había muchísimas tramas protagonizadas por personajes secundarios que no hacían más que agrandar el número de capítulos; en este caso, una vez el espectador tiene los personajes principales bien situados y sabe quién es quién, no duda en entrar de lleno en la trama que interesa y de que manera esta afecta a los personajes. Una trama que, si bien se centra en el crecimiento de Ezra como jedi, pone su foco de atención en un hecho muy importante para la saga: el nacimiento de la Alianza Rebelde. Hasta la llegada de Rebels no sabíamos demasiado sobre el surgimiento de los que derrocarían al Imperio, sabíamos que los Organa estaban por allí, pero poco más; pero es aquí como descubrimos que son pequeñas células rebeldes que, a pesar de sus diferencias —como Saw Gerrera demostraría en Rogue One—, se unen para luchar al mayor mal que ha asolado la Galaxia.

En un apartado más técnico, el equipo de Filoni —ya situado como gran jefe del proyecto y que solo respondía al maestro Lucas— saca provecho de lo aprendido durante los años trabajando en The Clone Wars para llevar a cabo una animación que, sin perder el estilo, se mueve con mayor fluidez, con gestos mucho más creíbles y alejándose del valle inquietante que tenía lugar en los primeros tiempos de The Clone Wars. Además, por si esto fuera poco, el equipo de Rebels recurrió a algunas las ideas que George Lucas barajó cuando estaba creando el episodio IV, sin ir más lejos, el personaje de Zeb toma el aspecto en uno de los diseños que hizo en su momento Ralph McQuarrie para Chewbacca.

El nacimiento de Rebels es como si los astros se hubieran alineado para llevarla a cabo; no solo había la necesidad de una nueva serie de Star Wars, sino que tras ella se pusieron los mejores responsables para sacarla adelante consiguiendo un resultado brillante. Condensando la acción en cuatro temporadas y un total de setenta y cinco capítulos, sin irse por los cerros de Úbeda y creando unos personajes perfectos, estamos ante una de las mejores, sino la mejor, serie de animación de Star Wars que, además, no se nutre de otras producción ni como secuela ni como refrito. Por este motivo, no es de extrañar que, queriendo o sin querer, parece que los vientos de The Mandalorian estén soplando en la dirección correcta para enlazar con Rebels… ojalá sea cierto y lo hagan tan bien como lo hicieron aquí.