Después de mucho tiempo en el dique seco, con la llegada de Disney+ a nuestros hogares, Lucasfilm deseó recuperar uno de sus grandes éxitos: The Clone Wars. Habiendo superado el umbral de serie infantil, a lo largo de cinco temporadas esta serie empezó a atar cabos a la vez que profundizaba en muchos personajes que se nos hicieron cortos en las películas, desde jedis a soldados clon, pasando por ese largo listado de especies que pueblan esa galaxia tan, tan lejana; pero, si se hacía, sus responsables, liderados por Dave Filoni —discípulo espiritual de George Lucas—, querían hacer algo que estuviera a la altura, no solo para cumplir las expectativas de los fans, sino también para darle un final digno a esta serie que tan abruptamente había terminado… dos veces.

Con Ahsoka Tano expulsada de la orden jedi, siendo uno de los giros argumentales más brillantes de Star Wars, ya se quiso dar un final cuando se llevó a cabo una tirada de trece capítulos que se estrenaron en Netflix sin pena ni gloria y que fueron criticados por su falta de trascendencia, a pesar de ahondar en temas que daban mayor consistencia al canon que se iba formando. Ahora, ocho años después de su final y seis años después de ese epílogo, aprovechando que la Saga Skywalker ha llegado oficialmente a su final después de una nueva trilogía, con The Mandalorian pisando fuerte para demostrar dónde está el futuro de la franquicia, estaba claro que había llegado el momento de concluir esta serie por todo lo alto.

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones y teniendo todo el apoyo de Disney enfocando el producto como uno de los buques insignia de su nueva plataforma de streaming, la tarea que se les planteaba no era sencilla… y no han fracasado. Aprovechando que no existía la necesidad de cubrir un cupo de capítulos y, por lo tanto, desechando los prescindibles capítulos de relleno —de los que la sexta temporada ya se hizo cargo—, todos los esfuerzos se han centrado en reconectar todos los cabos sueltos que quedaron en 2012 y todos aquellos que se han ido planteando en las producciones posteriores, como Star Wars: Rebels, digna heredera de The Clone Wars. En pocas palabras, han puesto toda la carne en el asador.

En la séptima temporada se han planteado tres arcos argumentales, mientras que los dos primeros podrían ser secundarios —a pesar de que, en la práctica, ha sido el modo de reconducir a los personajes y volverlos a presentar para que el espectador pudiera reengancharse; además de conseguir unos nuevos personajes muy llamativos, como los soldados clon modificados—, la realidad es que el plato fuerte son los últimos cuatro episodios, cuando los renegados mandalorianos van a buscar a Ahsoka para que les ayude a acabar con el gobierno que Maul ha impuesto en su planeta. Desde el primer momento, en el que, en lugar de la clásica intro de la serie, salen los créditos de producción de Lucasfilm del mismo modo que se hizo por primera vez en la trilogía original comprendemos que las cosas han cambiado, que los episodios que están por venir no serán meros eslabones de una gran cadena, sino que será algo especial… y lo es. Por un lado, a nivel argumental, en cuanto Ahsoka se reencuentra con Anakin, Obi-Wan y Rex, percibimos ese halo de nostalgia, que todos ellos son conscientes de que se está llegando a un punto de inflexión en sus historias, el final de un episodio; por el otro, la impresión que tenemos es que lo que se quiere hacer es un tributo a la manera de hacer de George Lucas, demostrando que The Clone Wars no es un producto vinculado a la nueva trilogía, sino a la antigua y, a la vez, a los nuevos aires que se sienten en Lucasfilm con el propio Dave Filoni, Jon Favreau o Taika Waititi.

Sacando provecho de una mejora sustancial en el apartado técnico, suavizando los movimientos —incluso teniendo la sensación de que Ray Park vuelve a ser Maul— y mejorando el diseño de los personajes y las texturas —un progreso que se viene dando desde la película original de 2008—, todos los hechos cruciales sucedidos a lo largo de las seis temporadas precedentes desembocan en un arco argumental final brillante, perfecto en todos los sentidos, al nivel de las mejores entregas de la saga. La trama se solapa con la del Episodio III, haciendo que las piezas encajen de forma magistral, aportándole un trasfondo y realismo a los sucesos principales de la Saga Skywalker que mejoran las precuelas; además, con pequeños detalles se integran elementos de las películas posteriores, como la inclusión del Crimson Dawn y de Dryden Vos de Solo. Sin embargo, lo más importante, es como se conecta con los hechos del Episodio III y de Rebels, permitiéndonos comprender como Rex no acaba con la vida de Ahsoka, de que manera se extrae el chip y lo que supone para ambos el hecho de enfrentarse a sus compañeros de armas con los que tanto han compartido. En este sentido, es inevitable que esta recta final la tensión sea palpable, se percibe en cada fotograma, sobre todo cuando sabemos que la Orden 66 puede acabar con Ahsoka en cualquier momento. Del mismo modo que sucedió en La venganza de los Sith, los sucesos se van encadenando en ese espiral de destrucción orquestado por Darth Sidious que termina en un gran final, brillante, muy digno, a la altura de lo que podíamos desear, pero, como en la última entrega, con tono agridulce y triste.

Después de cinco temporadas muy buenas, aunque con ciertos arcos argumentales algo densos e innecesarios, una sexta interesante, pero de dudosa necesidad, The Clone Wars da un paso más allá y pasa de ser una entrega secundaria de la franquicia para formar parte esencial de esta, siendo el primer paso en lo que supone el mundo televisivo de Star Wars formado por ella, Rebels y Mandalorian, estando todas ellas conectadas y estableciendo una saga paralela a la de los Skywalker.