Hace apenas unos días se emitió el último capítulo de la tercera temporada del programa presentado por Jeremy Clarkson, Richard Hammond y James May. Parece que fue ayer mismo cuando estalló la noticia del despido —o abandono, o renuncia, o… lo que sea— del mejor programa de automovilismo del mundo, Top Gear, por una disputa con un productor que había llegado a las manos, o al menos eso dicen. Nunca se llegará a hacer público realmente lo que sucedió durante el rodaje de los últimos episodios de Top Gear; sin embargo, lo que en ese momento fue un duro golpe para los seguidores del programa, viendo como ese magnífico y divertido entretenimiento que eran las aventuras de estos tres peculiares personajes se convirtió en un halo de aire fresco.

Apenas unos meses después de la noticia, se confirmó que el trío de presentadores junto con el productor Andy Wilman —el responsable junto con Jeremy de renovar el formato de Top Gear allá por el 2002— habían fundado una productora, habían llegado a un acuerdo con Amazon Prime y estaban preparando tres temporadas de un programa del que poco se sabía, pero del que mucho se podía suponer. El resultado han sido treinta y ocho episodios en los que han logrado condensar lo mejor de Top Gear y llevarlo al extremo: coches más rápidos, explosiones más grandes, locuras más extremas y, sobre todo, aventuras más intrépidas.

Se tiene que admitir que el éxito de The Grand Tour recae, en gran parte, en los millones de fans que tienen estos tres hombres —con permiso del señor Wilman— a lo largo y a lo ancho del mundo, que consiguieron que la gente olvidara por completo las temporadas siguientes de Top Gear —presentadas por, entre otros, Matt LeBlanc… sí, sí, Joey de Friends—, y el programa de Amazon se llevara el gato al agua sin tener que hacer nada más que lo habían hecho siempre… pasárselo bien.

Como era de esperar, tras la partida de los presentadores y de parte del equipo de producción de Top Gear, la BBC tuvo miedo de lo que podían hacer, así que empezó a prohibir cosas, como la competición de los famosos en un coche de precio razonable, Stig e, incluso, la referencia al propio Top Gear… todo muy absurdo. Pero, The Grand Tour supo responder con la ironía y la burla que caracteriza a Jeremy y compañía, inventándose secciones absurdas como Celebrity Brain Crash —una prueba que no se llegó a realizar porque los invitados supuestamente murieron de camino a la carpa del programa— o Celebrity Face Off —una versión doble de las entrevistas de Top Gear, que no cuajó y fue eliminada en la tercera temporada—; o la inclusión de The American, un piloto de pruebas paleto estadounidense interpretado por el piloto Mark Skinner, que después sería sustituido por Abbie Eaton.

Además, el concepto varió un poco y se quiso plantear el programa de una nueva manera, haciendo que cada semana el programa fuera rodado en un lugar diferente —Estados Unidos, Holanda, Inglaterra, o Finlandia, por ejemplo—, por eso la necesidad de instalar una carpa, aunque, finalmente, en la segunda y la tercera temporada la carpa se instaló no muy lejos de la casa de Jeremy Clarkson… qué sorpresa.

Formalidades a parte, The Grand Tour es y siempre será la continuación de Top Gear, no solo por los presentadores, sino por ser un programa que da a los espectadores aquello que desean ver, aunque eso sea banal, estúpido y sin sentido. Por ese motivo, poco a poco dejó de lado los análisis profundos de coches y las entrevistas, para centrarse, sobre todo, en los documentales de aventuras, de viajes y de retos, que es realmente lo que la gente adora de este programa. Aunque en las primeras temporadas quisieron ser más medidos y mantener el estilo de la BBC, en la tercera se soltaron la melena y pusieron toda la carne en el asador. A lo largo de las tres temporadas emitieron numerosos de documentales con coches de lujo, algunos con coches de segunda mano y, lo que es más importante, diversos especiales de viajes que los llevaron alrededor del mundo, visitando lugares como Marruecos, Namibia, Croacia, China, Colombia o Mongolia, que se convirtieron en lo mejorcito, no solo del programa, sino también del conjunto que forma con las veintidós primeras temporadas de Top Gear.

Llegados a este punto dejadme que me detenga en el especial de Mongolia —auténtico broche de oro de la serie—, y es que al verlo sentí que estaba a la altura de uno de los grandes programas de Top Gear, el especial de Vietnam. Lo tiene todo, diversión aventura, un reto auténtico y naturalidad, una de las pocas «críticas» que se le puede dar al programa. Desde hace unos años, el trío se nota guionizado y, a veces, un poco previsible con sus bromas, pero, de vez en cuando, se ven atisbos de ese efecto realista de que no se esperaban a lo que tenían que enfrentarse —algo que también se vio en los especiales del Nilo y de Birmania de Top Gear—, y es en Mongolia dónde The Grand Tour recupera la esencia de Top Gear de programas tan alocados como el de Vietnam, el de los coches anfibios o el de Bolivia. Jeremy, Richard y Hammond se enfrentan a un auténtico reto al tener que montar su propio coche, cruzar un país desértico y con una variada orografía como es Mongolia, con todo lo que ello supone. Además, aunque hay momentos de auténtica tensión, el humor sale a la superficie con las bromas típicas entre ellos, las meteduras de pata y los desenlaces espectaculares. Algo me dice que cuando se planeó este especial no tenía que ser tal, pero al terminar de rodarlo se dieron cuenta de que, en sus manos, tenían un material excelente, que lo convirtió en un hito más de la carrera televisiva de estos tres hombres.

Sin embargo, todo lo bueno se acaba y en el último episodio de la tercera temporada, con lágrimas en los ojos, Jeremy Clarkson anunció que el programa, tal y como lo conocemos, llegaba a su fin —sin la carpa, sin las americanas, sin las Conversaciones de la Calle, etcétera, etcétera—; y en una genialidad dramática durante varios minutos nos hizo creer que The Grand Tour, Top Gear o lo que sea que tengan estos tres presentadores entre manos, tocaba a su fin. Incluso proyectaron un vídeo recordando los mejores momentos del programa de Amazon, pero también del de la BBC —oliendo a una tenue reconciliación entre las dos partes que se separaron en 2015—, provocando que el público que había en la carpa —y el de casa, para que nos vamos a engañar— llorara a moco tendido sabiendo que estaba viviendo el fin de una era.

Pero, aunque en parte es fue una despedida, Jeremy, James y Richard —y el señor Wilman, por supuesto— tenían un as en la manga… No lo dejaban, no se retiraban, seguirían adelante con The Grand Tour auspiciados por los buenos números que le han dado a Amazon, pero con un cambio de imagen radical. Por lo que se sabe y se da a entender en el final del episodio, The Grand Tour dejará de ser un programa con público, entrevistas y análisis de coches, para pasar a ser un programa enfocado a los archiconocidos «especiales», es decir, en un giro de los acontecimientos, The Grand Tour deja de ser un programa de coches con viajes, para convertirse en uno de viajes con coches. ¡¿Qué más podíamos pedir?! Y es que, como ellos mismos dicen, hay muchos países que James puede visitar, mucha gente a la que Jeremy puede insultar y muchos coches que Richard puede estrellar. Por lo que ahora, con todo un mundo de posibilidades ante nosotros, solo nos queda esperar a que el bueno de Clarkson alce la mano y exclame lo que tanto nos gusta oír… We’re back!