Que todos tenemos fecha de caducidad como el alimento más perecedero y acabaremos criando malvas tarde o temprano es un hecho innegociable. Que podemos fallecer de un momento a otro, seamos conscientes de ello o no, también lo es. Y que nos hayamos levantado hoy ―con el pie derecho, a poder ser― para seguir con nuestra rutina sin saber que la Parca se amaga a la vuelta de la esquina, es una idea que ―en mayor o menor medida― nos debería quitar el sueño a todo el mundo.

The Last to See Them (2019) es una película alemana dirigida por Sara Summa que nos relata la última jornada con vida de una familia del sud de Italia antes de ser brutalmente asesinados por unos homicidas no identificados. Y aunque nuestra pulsión escópica nos empuje a desear ver la despiadada recreación de la matanza, la película corta en el momento crucial: cuando los perpetradores del homicidio llegan a la casa de la familia. Un corte a negro que nos dejará con las ganas, como un calentón, y considero que esta es la decisión más acertada.

Durante los setenta y nueve minutos de metraje, compartiremos el último día de vida de los cuatro miembros de la prole: el padre trabajador, estricto, conservador, pero preocupado por los suyos; la madre enfermiza, melancólica, pero afable; la hermana grande ilusionada por su pareja en pleno proceso de matar a sus padres ―psicológicamente hablando, claro está, pues ella también habrá de sucumbir al final de la narración― y el hermano pequeño que no sabe cómo amar o expresarse.

Estaremos a su vera durante esta última jornada en el mundo terrenal para conocer de cerca sus deseos, anhelos, miedos, ilusiones, motivos de dicha y motivos de tormento  y pena. El desenlace de la película acabará siendo lo menos importante: se tratará solamente de la excusa para poder aprender quiénes fueron las personas asesinadas de la forma más helada e inhumana. Ponerles rostro e identidad a las víctimas, mostrarnos que realmente se trata de personas corrientes y no de sujetos ajenos como nos los vendería la prensa.

La premisa de The Last to See Them remite directamente a Elephant  (Gus Van Sant, 2003), película que representa la matanza del instituto Columbine mediante la fijación por la vida personal de las personas implicadas en el atentado: los supervivientes, los alumnos abatidos a balazos y los perpetradores del asalto. Concibo esta aproximación al hecho como más creíble, y aunque se trate de una obra narrativa y ficticia, me acerca mucho más a la barbarie que los documentales, reportajes o información aséptica que se haya podido transmitir del suceso con posterioridad.

De ir más allá de las cifras o el resumen breve, clínico e impersonal del discurso periodístico de los telediarios. Demorarnos para conocer la convalecencia de la madre, la envidia del más pequeño del caserío a la primogénita o la incerteza por el futuro del padre. Quedarnos con las relaciones y la vida cotidiana de aquel que no sabe que va a morir en menos de veinticuatro horas.

Además, la película se plantea el reto de transmitir tensión a quien está compartiendo metraje ―e, inevitablemente, encariñándose― de los personajes; y lo logra por goleada. Con el avance de la narración de este cuadro costumbrista mediterráneo, la directora introduce planos secuencia del coche de los asesinos avanzando por la carretera, inexorablemente, hacia la casa de los Durati en un ejercicio fílmico que nos traslada directamente a la sierra montañosa que abraza al hotel Overlook, de El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Que también, llamarle Durati a la familia protagonista… eso sí que es mala baba.