tyrannosaurus-aztecaEl espíritu de curiosidad del ser humano es ilimitado, en mi caso ha llegado a tal extremo que busqué en los principales rankings de películas en la red cual era la peor película de la historia, y descubrí que, entre las peor valoradas, había numerosas películas de Bollywood, o películas como Dragon Ball Evolution, sin embargo hubo una que me llamó la atención, Aztec Rex. Después de una tarde viendo tráilers y leyendo opiniones de estas y otras películas, pude comprobar que la que se llevaba la palma era la susodicha Aztec Rex.

La historia gira entorno a Hernán Cortes y sus hombres —los más allegados, porque el cuerpo de la expedición no supera la decena— cuando llegaron a la costa de Méjico por primera vez y donde encontraron una tribu de indígenas, que, al parecer, realizaban los famosos sacrificios humanos. Sin embargo no lo hacían para honrar a los dioses, sino para saciar el hambre de un «terrorífico» Tyrannosaurus Rex.

Frente a este planteamiento la película solo podría mejorar… Pero no lo hace. La amenaza principal del film, el dinosaurio, llamado «Lagarto Trueno», podría formar parte de los peores videojuegos de los noventa, y no de una película de 2007, y, para más inri, en numerosas escenas parece que el montaje digital no esté completo.

La ambientación es enfermizamente mala, el vestuario de los «españoles» puede ser comprado en el bazar de la esquina, cascos, corazas y espadas de plástico, combinados con unos magníficos chándales, porque, como todos sabemos, en aquella época ya existía la goma elástica. En cambio sus enemigos, son aún peores. Van vestidos con escasos modelitos a modo de «taparrabos» de carnaval con un exceso de ornamentos plumíferos y formados por huesos. Y, para colmo, el jefe de los nativos parece un aficionado de la selección alemana de fútbol, por las pinturas corporales que lleva pintadas en mejillas bíceps.

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Supuestamente, la película nos los presenta como aztecas…¿Aztecas, en serio? Los actores que hacen de nativos pueden ser esquimales, nativos norteamericanos, o hawaianos, incluso tibetanos, todo menos aztecas. Pero si tenemos en cuenta que están frente a un Hernán Cortes de ojos azules con una peluca del «veinte duros», cualquier cosa es posible. La actriz protagonista, Dichen Lachman es nepalí, el soldado Mendoza era el protagonista de la serie The Lost World, William Snow (nacido en Gales), pero la auténtica sorpresa es el actor que interpreta a Hernan Cortes es Ian Ziering, que si por el nombre no suena, era el rubio guaperas de Sensación de vivir, difícil de creer pero cierto, que ahora se ha convertido en el indiscutible protagonista de la serie de películas de The Asylum, Sharknado.

Además los escenarios, grabados entre las playas y selvas de los parajes turísticos del Caribe, están adornados con joyas, edificios y elementos de plástico pintados con brocha gorda. La sangre tiene un parecido más que razonable a vino de garrafa. Hay un momento en que un español es atacado en el estomago por el T-Rex y después muere agonizando por las heridas, representadas por un montón de «botifarras» inundadas en ketchup.

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Para rematar la historia tienen el valor de afirmar que la película está «Basada en hechos reales», porque el español que decide quedarse ahí consta como desaparecido y el valle donde suceden la historia nunca fue conquistado… ¿En serio? ¿Alguien se puede creer que eso signifique que la película está basada en hechos reales?

¿Alguien podría preguntarse quién paga para producir esto? Pues bien, esta película fue llevada a cabo por«galardonado» productor de la serie Farscape, que si bien no era una maravilla, comparada con Aztec Rex podría llamarse obra de arte.

¿Como resumir el «placer» de ver este film? Simplemente, completamente, y absolutamente, horrible, no se puede decir de otra forma, pero si uno se mentaliza y se lo toma todo a guasa, es un film que se dejar ver riéndote bastante.

Y como sé que pocos se atreverán a verla, puedo desvelar el mayor secreto jamás contado, el cura, llamado Gria, que se salvó y regresó a España junto a Hernán Cortés después de esta aventura, como él mismo dice, mientras toma una «copita»: «Por mis buenas obras me concedieron la santidad, y mi nombre pervive en esa bebida tan especial que creé, SANGRÍA»… ¡Ole tu huevos!