
Steven Spielberg vuelve a la ciencia ficción y lo hace recuperando de forma bastante evidente el espíritu de Encuentros en la tercera fase. Sobre el papel, pocas cosas podían sonar mejor: Spielberg, extraterrestres, misterio, John Williams y una historia sobre el primer contacto. El problema es que tener todos los ingredientes no garantiza que la receta funcione. Y aquí, por desgracia, Spielberg se queda muy lejos de lo que podría haber sido.
El principal problema es un guion que hace aguas por todas partes. No hablamos de alguna incongruencia puntual, algo perfectamente asumible en la ciencia ficción, sino de decisiones, reglas y motivaciones que parecen cambiar según lo que necesite la escena. La película no sabe si quiere ser un thriller conspiranoico, una película de ciencia ficción, una cinta de acción o un discurso sobre la empatía. Va saltando entre géneros sin demasiada continuidad.
La primera mitad consigue mantener cierto interés. Hay misterio, se plantean preguntas y Spielberg sabe dosificar la información. Durante un rato parece que está preparando algo realmente interesante. El problema llega cuando empieza a explicar las cosas. Cuanto más entendemos la trama, menos sentido tiene.
La premisa tenía muchísimo potencial: una organización privada lleva décadas ocultando al mundo la existencia de extraterrestres y un grupo de empleados decide revelar las pruebas. Paralelamente, varios personajes fueron abducidos de niños y mantienen una conexión especial con ellos. Hasta ahí, perfecto. El problema es que toda la película gira alrededor de conseguir una revelación que el protagonista ya quería hacer desde el primer minuto. Es como construir una película de dos horas y media alrededor de alguien intentando abrir una puerta que ya estaba abierta.

Y la organización que intenta impedirlo tampoco ayuda. Se supone que son una estructura todopoderosa, con agentes entrenados, tecnología extraterrestre y recursos ilimitados, pero los protagonistas consiguen escaparse una y otra vez. Los encuentran, se escapan; los vuelven a encontrar, vuelven a escaparse. Llega un momento en que los supuestos hombres más peligrosos del planeta parecen simplemente un grupo de turistas que siempre llega cinco minutos tarde.
Los personajes tampoco terminan de funcionar. Son planos y están poco desarrollados, algo especialmente sangrante teniendo actores como Emily Blunt, Colin Firth, Josh O’Connor y Colman Domingo. O’Connor pasa buena parte de la película con cara de haber visto un fantasma, Firth está sobreactuado y las motivaciones de su personaje son difíciles de entender. Domingo es probablemente el que mejor salva los muebles, pero incluso su personaje parece conocer unas reglas que el resto desconocemos.
Y entonces aparece el gran problema de la película: su mensaje. Encuentros en la tercera fase hablaba de la humanidad, la comunicación y el contacto con lo desconocido, pero antes que nada era una película fascinante. E.T. hablaba de amistad, infancia y soledad, pero conseguía que te importaran sus personajes. Aquí Spielberg parece tener muy claro qué quiere decirnos, pero se olvida de construir una película que consiga que nos importe.

Precisamente por eso la comparación con Encuentros en la tercera fase resulta inevitable. Spielberg sigue teniendo un talento visual enorme y todavía hay planos y momentos de puesta en escena que recuerdan por qué es uno de los grandes. Pero el oficio no puede solucionar un guion tan inconsistente.
El día de la revelación no es un desastre absoluto. Tiene una primera mitad interesante, momentos visualmente brillantes y el sello de Spielberg. Pero es demasiado absurda en sus decisiones, demasiado plana en sus personajes y demasiado obvia en su mensaje como para sostener dos horas y media.
Y eso es lo más frustrante: tenía todos los ingredientes para ser una gran película. Spielberg, extraterrestres, Encuentros en la tercera fase, John Williams y una premisa con muchísimo potencial. Pero al final ni siquiera Spielberg puede conseguir que una película funcione únicamente porque Spielberg esté detrás de la cámara.
