
Ned es llamado por su tío John Carter de una manera un tanto fortuita y enigmática, pero sus dudas no se resuelven cuando llega a casa de Carter, ya que está muerto y enterrado en un pequeño mausoleo que solo puede abrirse desde el interior y lo ha dejado como heredero de todo cuanto poseía. Absolutamente confundido, Ned se pondrá a leer las memorias de extremadamente rico y un tanto excéntrico tío para descubrir lo que le ocurrió tras la Guerra de Secesión americana. Como oficial del ejército sudista, John Carter lo perderá todo en la guerra, pero cuando regresa a casa descubre que su mujer y su hija han muerto. Destrozado, se perderá en los desiertos del oeste en busca de oro para poder salir adelante, con la mala fortuna que unos militares del norte lo perseguirán para que se aliste al nuevo ejército de los Estados Unidos, pero se negará. Sin aceptar su negativa, lo detendrán para que atienda razones, por lo que huirá a la mínima oportunidad, y será en una de las huidas que topará con un grupo de violentos indios que lo acorralarán en el interior de una cueva. Su sorpresa será que aparecerá un misterioso ser al que disparará y robará un misterioso medallón que lo transportará a Barsoom o lo que es lo mismo, el planeta Marte donde descubrirá que el planeta rojo no está tan vacío como pensaba.
El mismo hombre que encabezó al equipo que dio vida a Buscando a Nemo y a Wall-E, Andrew Stanton, decidió dar el salto al cine live action con una adaptación demasiado atrevida de un clásico de la literatura de ciencia ficción: John Carter. Y no se trata de una adaptación atrevida por darle un enfoque audaz a la cinta, sino más bien por todo lo contrario. Todos los recursos en cuanto a producción y efectos visuales para crear el Marte de Edgar Rice Burroughs se focalizaron en realizar una adaptación bastante fiel —salvando todas las posibles diferencias— al libro Una princesa de Marte. Aunque este elemento podría catalogarse como un acierto cara al público conocedor del personaje, lo cierto es que también es, virtualmente, el motivo principal de su fracaso. Y es que a pesar de que en 2012 se celebraban cien años de la publicación original de esta historia, cien años son muchos y pesan. Hablando claramente, salvo los aficionados más puristas del género, lo cierto es que nadie conocía a John Carter y sus desventuras.
Además, por si esto fuera poco, toda la peli tiene un aire de teatralidad anticuado, con interpretaciones un tanto exageradas por parte de todos los actores —incluso hay algunos que parecen mofarse de ese lenguaje casi shakespeariano—, que si bien encaja a la perfección con el tono del original de Burroughs, desentona bastante con el del público que se sentó en las salas hará ya casi quince años. El batacazo fue memorable.
Un presupuesto descomunal, un director no demasiado experimentado con películas live action y un trama de fondo que no generaba ningún tipo de expectación para el público hicieron que esta peli fuera vilipendiada y pasara sin pena ni gloria por las salas. Sin embargo, yo soy de los que cree que no debería caer en el olvido. Es cierto que se trata de un intento más por parte de Disney por crear un franquicia al estilo Piratas del Caribe, y, desafortunadamente, no lo consiguió. Pero no por ello es una mala película. Siendo sincero, a mí me gusta, la disfruto cada vez que la veo y creo que es la mejor versión que se podría haber hecho de un personaje tan clásico como John Carter, pero al no haber llegado en el momento oportuno, le sucedió lo mismo que le pasaría al Llanero Solitario o que, sin duda, también sufrirían personajes del perfil de Tarzán o Flash Gordon.

Lo cierto es que tanto sobre el papel como en la pantalla no tiene nada malo. Andrew Stanton dirige de manera bastante efectiva —algo que demostraría en títulos posteriores como Legión, En un instante o Stranger Things— y saca provecho de su experiencia en la animación para crear un universo imposible gracias a unos efectos visuales y un CGI a la altura de lo que se necesita. Frente a la cámara hay un reparto de grandes nombres —muchos de ellos provenientes de la serie Roma de HBO— como Ciarán Hinds, James Purefoy, Polly Walker, Willem Dafoe, Samathan Morton, Dominic West, Thomas Hade Church, Mark Strong y Bryan Cranston, todos ellos grandes talentos del cine y la televisión que demuestran tablas. Tal vez los más «sosos» o desacertados son los dos protagonistas, Taylor Kitsch y Lynn Collins que no terminan de dar la talla para ser las grandes estrellas de un título de este tipo, pero no lo hacen mal. Y finalmente, se basa en uno de los grandes éxitos de la literatura fantástica y de ciencia ficción, un clásico del género, casi siendo un «Quijote» del pulp espacial… pero, como hemos dicho, esta es su mayor virtud y, a la vez, su mayor defecto.
Vale, muchos seguro que me diréis que me estoy pasando al defender esta cinta, pero cuando uno le gusta algo tiene que defenderlo, porque, se quiera o no, a los humanos nos gustan los perdedores y, a pesar de todo, estamos ante una película que no ha envejecido nada mal… mejor dicho, no ha envejecido hasta al punto que podemos pensar que se ha estrenado este mismo año.
Ahora, en IMDb John Carter tiene un 6,6 de nota, nada mal incluso para los estándares de un blockbuster de 2026, lo que significa, que, sin duda, se trata de una película que desafortunadamente no tendrá una continuidad, sí que, con el tiempo, seguro que recupera el lugar que debería haber ocupado cuando se estrenó. Se tiene que reivindicar.
