
John Reid regresa a su pueblo natal de Texas como fiscal, con la mala suerte que en el mismo tren va prisionero el temible Butch Cavendish, que será ejecutado para demostrar el fin de la época del Salvaje Oeste. Sin embargo, la banda de Butch logra liberarlo, y es cuando el hermano de John, el ranger Dan Reid encabeza una partida para capturarlo, en la que también participa John. Aunque irán con pies de plomo, pronto caerán en una trampa y todos serán asesinados por Butch y sus hombres. Por fortuna, el Espíritu Caballo decidirá que hay uno de ellos que regresará de entre los muertos para llevar a Butch y a los suyos ante la justicia. A regañadientes, Toro, un indio sin tribu, ayudará a John a convertirse en el héroe que parece estar destinado a ser, aunque a priori su aspecto de pie tierno no lo haga pensar.
En la búsqueda de su siguiente franquicia que explotar tras el éxito de Piratas del Caribe, la factoría Disney tocó muchas teclas desde Percy Jackson a John Carter, pasando también por Prince of Persia y, por descontado, El llanero solitario. En todos los casos era sacar oro de unos personajes relativamente menores con el fin de que todo el mundo supiera quienes eran. La mayoría de ellos son personajes con mucho recorrido y procedentes de diferentes medios, sin ir más lejos, The Lone Ranger nació en la radio, pasó por los cómics y la televisión y ya había llegado al cine sin demasiado éxito.
Justo en este momento es en el que entran en juego varios nombres propios de la industria: Jerry Bruckheimer, Gore Verbinski, Hans Zimmer y Johnny Depp. Y si alguien se lo pregunta, sí, son los mismos que convirtieron una atracción clásica de los parques Disney en una franquicia de éxito que aún hoy sigue coleando. La idea no era mala, incluso era buena, buscando repetir la misma fórmula del cine de aventuras de verano, solo se tenía que cambiar a los piratas por los vaqueros. Y el resultado es… ¡Impresionante!
Sí, damas y caballeros, aunque la mayoría catalogaron esta peli de fracaso, lo cierto es que es, cuanto menos, redonda. La historia es una narración clásica de los orígenes de un héroe, en el que descubrimos sus motivaciones y la razón de sus acciones. Para ello, la producción se valió de unos actorazos para dar vida a unos personajes arquetípicos pero también geniales.
Un Armie Hammer en su mejor momento se pone en la piel de John Reid, un abogado poco acostumbrado a la acción que se verá abocado a convertirse en el héroe que jamás creyó que debería ser. Frente a él hay una dupla de secundarios —de esos que nunca fallan, los pongas donde los pongas— de nivel para dar vida a los dos villanos de la función William Fichtner es el sanguinario Butch Cavendish y Tom Wilkinson es Cole, el corrupto, que cada vez que aparecen se apoderan de la escena. A parte de ellos, hay nombres como Ruth Wilson, Helena Bonham Carter, James Badge Dale, Barry Pepper —en un papel de militar unionista que le va ni que pintado—, Harry Treadaway, James Frain, Damon Herriman, Leon Rippy y Stephen Root.

Os habréis dado cuenta de que he dejado al bueno de Johnny Depp para el final, y es que si bien nos arranca una sonrisa y percibes su genialidad, también es el que se puede llevar la peor crítica si uno va con malas Intenciones. Aunque su Toro —Tonto en la versión original— es divertido, emotivo y brillante, también es innegable que tiende a ser demasiado Jack Sparrow. Pero bueno, si contratas a Johnny Depp es para tener Johnny Depp, de la misma manera que si contratas a Tom Cruise, no esperarás tener a otro.
Todos ellos habitan en un salvaje oeste un tanto idealizado, pero perfecto para la historia que se nos quiere contar, igual que lo fue el Caribe de Pirates of the Caribbean. Un Oeste en el que si bien te crees lo que se te explica, también hay muchas cosas imposibles, elementos fantásticos que le dan un mayor trasfondo a un escenario muy manido en el séptimo arte.
Otra de las grandes virtudes de El llanero solitario son todas las referencias a los grandes títulos del western. Hay planos, secuencias e instantes que, indudablemente, nos evocarán títulos como Hasta que llegó su hora, Solo ante el peligro o El Dorado. Gestos buscados a propósito para que nosotros, los espectadores, ubiquemos el universo en el que transcurre.

Por último, pero no menos importante, tenemos una música que si bien no deja de lado el clásico tema del Llanero Solitario, construye un tono que aporta muchísima profundidad al escenario. Y no podía ser de otro modo con el maestro Hans Zimmer tras la batuta.
Todos estos elementos se reúnen en pos de crear un gran espectáculo que va in crescendo culminando en un acto final y una persecución que si bien se siente muy coreografiada, es trepidante y te dan ganas de ver una vez tras otra.
Por mi parte no me sentí decepcionado cuando se estrenó, y tampoco ahora que la he revisionado, dándome cuenta de que las únicas pegas son las apariciones del viejo Toro narrando la historia en una feria y puede que la actuación sparrowiana de este. Entonces deberíamos preguntarnos porqué fue tan mal recibida. Como ya comenté hace un tiempo, esta peli, junto con Tomorrowland y John Carter se estrenaron cuando no era su momento. Es decir, puede que diez años antes, más o menos cuando también apareció Piratas del Caribe, el público estaba más receptivo frente al tipo de cine de aventuras que representa The Lone Ranger, sin embargo, en un mundo que ya había visto Los Vengadores de 2012 y que ansiaba más eventos de este calibre, este tipo de cintas quedaron relegadas a una segunda, tercera o cuarta categoría. Una pena.
Es por ello que The Lone Ranger es una película que debe ser reivindicada, no solo como un buen western clásico, sino también como un tributo al género y un maravilloso ejemplo de lo que significa el buen cine de aventuras.
