
Tras lo ocurrido en la anterior Spider-Man: No Way Home, el hechizo del Doctor Strange hizo que todo el mundo se olvidara de quién era Peter Parker. Se suponía que esto iba a ser un borrón y cuenta nueva para el personaje, una oportunidad perfecta para ver por fin a un Spider-Man más maduro, solitario y alejado de todo el ruido del universo Marvel. La película arranca cuatro años después de aquello, con un Peter que intenta rehacer su vida desde cero en Nueva York. Sin embargo, lo que prometía ser ese esperado nuevo comienzo se acaba quedando a medio camino, porque a la hora de la verdad la película sigue anclada exactamente en lo mismo de siempre.
Y es que ese es el gran problema de la trama: prácticamente no introduce gran cosa que merezca la pena para el futuro del trepamuros y desaprovecha por completo la oportunidad de hacer evolucionar su historia. En lugar de dejar que Peter avance con su nueva vida, el guion se empeña en volver al bucle infinito con MJ y Ned, deshaciendo gran parte del peso dramático que tuvo el final de la entrega anterior. Además, Marvel sigue sin atreverse a dejar solo a Spider-Man en su propia película. Otra vez tenemos un desfile de invitados —como Hulk, el Castigador o la presentación del personaje de Sadie Sink de cara a los futuros X-Men— que hacen que la cinta se sienta más como un episodio de transición para preparar lo próximo del UCM que como una película centrada en el hombre araña.
Tampoco ayuda nada el tema de los villanos, que en esta ocasión no están para nada a la altura. Con la cantidad de enemigos icónicos que tiene Spider-Man en sus páginas, resulta bastante decepcionante que aquí todo el peso recaiga en la gente de Control de Daños o en apariciones secundarias como Escorpión y los ninjas de La Mano, que funcionan más como relleno que como una amenaza de verdad. Viniendo de enfrentarse al Duende Verde o al Doctor Octopus en la anterior, el bajón aquí es tremendo y los conflictos se quedan en algo muy superficial y predecible.

Eso sí, no todo es malo y hay cosas que sí funcionan muy bien. Lo que más me ha gustado con diferencia ha sido la estética general de la película. Tanto la ambientación de la ciudad de Nueva York como el propio diseño del personaje lucen genial en pantalla. Se agradece muchísimo ver por fin a un Spider-Man que prescinde por completo de las tecnologías de Tony Stark, con un traje clásico cosido por él mismo y unas peleas mucho más físicas, callejeras y cercanas al estilo de los cómics de toda la vida. En ese apartado visual y en las escenas de acción, el cambio le sienta bastante bien a la saga.
A pesar de este acierto visual, Brand New Day me ha parecido en general una película más floja, sobre todo viniendo del subidón y del festival de fanservice que fue No Way Home. Sin el factor nostalgia de ver a Tobey Maguire, Andrew Garfield y los villanos clásicos en pantalla, a la película se le ven mucho más las costuras y deja la sensación de que la historia no avanza. Cumple para pasar el rato como cualquier producto entretenido de Marvel, pero sabe a poco. ¿Es un desastre? Tampoco. ¿Está al nivel de lo que esperábamos tras el final de la anterior? Para nada; yo la pondría claramente un escalón por debajo de No Way Home.
