
Flick es una hormiga soñadora, de esas que buscan soluciones nuevas a problemas que parecen resueltos desde siempre… o a los problemas que él mismo causa. Por lo que después de echar a perder toda la cosecha que tenían preparada el hormiguero para entregarle a los saltamontes, que cada verano las atosigan para que les entreguen la comida, Flick se hará cargo de buscar una solución: encontrar a unos bichos grandes y valientes que les planten cara a los saltamontes de Hooper, su líder. Como sus compañeros se lo quieren sacar de encima para realizar una nueva cosecha, le permitirán abandonar Isla Hormiga en pos de la aventura. Cuando llegue a la ciudad conocerá a un grupo de insectos que parecen valientes y los querrá contratar. Lo que no sabe es que son meras estrellas fracasadas de circo que han podido salir indemnes de una trifulca por pura casualidad. Con el malentendido sin aclarar por parte de nadie, el grupo regresará al hormiguero con un nuevo plan para hacer frente a Hooper y a sus saltamontes.
¿Unos granjeros acechados por unos delincuentes? ¿Un grupo de guerreros sin amo que les harán frente? ¿Soy yo o esto suena a Los siete magníficos o, lo que es lo mismo, a Los siete samuráis? ¿De verdad que Pixar tuvo los bemoles de reinterpretar el clásico del cine de samuráis para una peli de animación en un mundo de bichos? Pues sí. A ver, si uno de los protagonistas era un vaquero, no puede sorprender a nadie que gente amante del cine como John Lasseter y compañía encontrará en el cine clásico de aventuras la inspiración. Por lo que combinando este clásico del cine con otro pero de la literatura como La cigarra y la hormiga, del griego Esopo, dio lugar a la que sería el segundo largometraje de Pixar.

Después del arrollador éxito de Toy Story en 1995 la pregunta que asaltó a todos fue ¿y ahora qué? Así que después de muchas vueltas, encontraron la inspiración en el jardín del estudio, y poniendo una minicámara a ras de suelo, imaginaron todo lo que podría dar de si un mundo en miniatura como en el que viven los insectos. Las malas lenguas dicen que la inspiración surgió en el mismo lugar y en el mismo momento que Antz, de la competidora Dreamworks Animation y estrenada el mismo año, sin embargo esta es otra de esas cosas que circulan por el «maravilloso» Hollywood. De lo que no hay duda es que en el pulso por tener las mejores hormigas, el que se llevaron el pato al agua fue el equipo de Pixar. Ya que no solo superó a su competidora directa, sino que también revalidó el éxito de Toy Story tres años después, dejando claro que los de Emeryville tenían muchas cosas que decir en la gran pantalla.
Como sucede con las nuevas tecnologías, tres años dieron para mucho, y aunque en ciertos aspectos algunos movimientos y gestos aún se ven bruscos, lo cierto es que hubo una mejora sustancial en el apartado técnico respecto a Toy Story. Hay dos elementos que resultan clave para para dicho paso adelante: por un lado, hay más personajes en los planos, dando la impresión que en el mundo existe más individuos a parte de la docena de protagonistas; y, por el otro, los escenarios —que se multiplican respecto a su predecesora— son mucho más ambiciosos y llenos de detalles y texturas que hacen que el mundo de Bichos cobre vida a cada fotograma que vemos.

Con un trasfondo como este, en el que los personajes principales parecen formar parte de una gran comunidad que vive en un lugar mucho más grande que la habitación de un niño, fue fácil traspasar una historia de base como es la de Los siete samuráis y convertirla en una aventura a gran escala. Hay escenas en las que realmente tenemos la sensación de estar viviendo una gran aventura, como el viaje de Flick a la ciudad, cruzando el cañón de Isla Hormiga o cuando llega a la ciudad —un vertedero en la realidad—; pero también en la profundidad del hormiguero que parece infinito, o la escala de la batalla del pájaro. Todo es más grandilocuente para dar lugar a un gran espectáculo. Por decirlo de algún modo, con todas estas piezas no se podía contar una mala historia ni queriendo.
Lo curioso de Bichos es que si bien forma parte de esa primera remesa de películas de Pixar que forman parte del recuerdo de una generación, es la única que no tiene una secuela. Toy Story ya va por la quinta, Cars tiene dos entregas más, además de series y productos derivados, Buscando a Nemo, Los Increíbles y Monstruos, S.A. tiene una segunda parte, sin embargo, Bichos, así como Ratatouille son entregas únicas. Y no sé si es algo malo o algo bueno. El éxito de la cinta es innegable, así como su calidad, pero creo que, en realidad, está por encima de las otras, en su esencia es tan perfecta que no hace falta explorarla más, ya que cualquier cosa que se hiciera sería peor e innecesaria.
Así pues, Bichos, una aventura en miniatura —aunque mucho mejor el título original de A Bug’s Life— es una one-shot movie que funciona por sí sola porque no tiene defecto alguno más allá de los límites de la tecnología que se usó para hacerla, haciendo que Pixar se marcara un dos de dos en 1998 y demostrando que podían ir hasta el infinito y más allá.
